Un sistema obsoleto para un nuevo presidente

Un sistema obsoleto para un nuevo presidente

El sábado 26 de noviembre la Asamblea General de la RFEA elegirá, por primera vez desde 1989 un nuevo presidente. Jose María Odriozola no optará así a un séptimo mandato y el puesto de máximo dirigente del atletismo español busca nuevo responsable. En estos casi 30 años, el atletismo español vivió un fuerte ascenso gracias al Plan ADO a partir de Barcelona ‘92, un período dorado a comienzos del nuevo siglo y una etapa más pobre desde el inicio de la crisis económica hasta la actualidad; período que parece convertirse en agua pasada con los Hortelano, Miguel Ángel López y la incombustible Ruth Beitia.

Si el atletismo ha cambiado, ha sido porque la sociedad española también. Felipe González ya no es aquel socialista que levantaba pasiones; Jordi Pujol ha dejado de ser un referente, tenemos más de un canal de televisión y cuando antes lo habitual era usar un teléfono fijo y lo extraño era ver un móvil, ahora es al revés. Pero sin duda, el cambio clave ha sido Internet, el único aliado que ha favorecido la aparición de más prensa especializada, el debate interno en el panorama atlético y la aparición de patrocinios. Estos cambios han llegado sobretodo en el último lustro, el mismo que ha sacudido la política española conocida hasta ahora. Primarias, mayor participación y democracia o transparencia se han convertido en demandas asumidas casi por toda la ciudadanía.

La sorpresa llega cuando se descubre que en la citada Asamblea, el método para elegir al nuevo presidente es el mismo de siempre. Esta está compuesta por el presidente saliente, los presidentes autonómicos y los 142 representantes elegidos en las urnas de los estamentos de atletas, jueces, clubes, entrenadores, representantes de atletas y organizadores, elegidos en cada Comunidad Autónoma en función de su peso sobre el total estatal. Al votar a dichos representantes lo lógico es que sepamos qué opción apoyarán; aunque no se da siempre. Pero el sistema ofrece más escollos.

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Un atleta a partir de los 20 años paga 50 euros por temporada por su licencia RFEA (a los que habría que sumar el precio de la autonómica). Esa licencia le permite competir en las pruebas del calendario nacional; pero no le permite ni postularse como representante ni poder votar siquiera si no ha acudido a algún Campeonato Oficial. Las 70.000 licencias nacionales menguadas a 40 voces. Un sistema que recuerda más al Antiguo Régimen o a Roma, donde solo se podía votar cuando se disponía de un nivel mínimo de renta; cambiando esta vez el dinero por los resultados deportivos. ¿Acaso un atleta olímpico que pasa un año plagado de lesiones ya no tiene voz? ¿Es más válida la voz de estos atletas con rendimiento que la del resto?

En el año 2016, con la existencia de aplicaciones telemáticas además de la votación presencial tradicional; es inconcebible que ni se plantee en ninguno de los dos programas presidenciables la opción de una reforma de los estatutos que permita que cada atleta tenga voto para elegir tanto al Presidente de forma directa, como al representante autonómico de su estamento. No se puede hablar de Un gran salto para el atletismo español  ni Un atletismo entre todos y para todos sin la democratización del mismo; y ésta pasa por la reforma.

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